El poder de la familia

Por norma general, la familia tradicional china se basaba en la jerarquía y el patriarcado, siendo la mujer, al igual que en muchas otras culturas, la figura más oprimida. Una familia adinerada podía estar conformada por hasta cinco generaciones que habitaban en la misma vivienda, compartiendo presupuesto y obedeciendo a una única figura masculina dominante (normalmente el hombre más mayor); mientras que las de menos recursos juntaban hasta tres generaciones, normalmente con la familia del marido.

Retrato de la familia china en el siglo XVII

Retrato de la familia china en el siglo XVII

La familia es una institución cuya fuerza permitió a la cultura perdurar en el tiempo, aunque arrastrando los valores del pasado, sólo adaptados (nunca cambiados o suprimidos) a las nuevas condiciones de la sociedad. Tras la Revolución de 1949, el Partido Comunista atacó a la familia tradicional proclamando la igualdad entre sexos y personas de todas las edades; aboliendo el patriarcado, el pago de una dote y los matrimonios pactados; permitiendo el divorcio en igualdad de condiciones; e imponiendo, en definitiva, un nuevo modelo de familia “basado en derechos individuales igualitarios” (Botton: 2007). A pesar de todo, seguía existiendo el control por parte de las instituciones gubernamentales, que durante la Revolución Cultural, utilizaban este poder para castigar o beneficiar a las personas por razones políticas.

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“Imposible generalizar”

La situación de crisis en la que vivimos está trayendo consigo múltiples consecuencias en todos los ámbitos de la sociedad. Uno de ellos es la conocida como “fuga de cerebros”, en donde España se sitúa como uno de los principales países exportadores.

Las migraciones desde el país ibérico han sido recurrentes a lo largo de su historia. Son comunes los españoles que ahora viven en países latinoamericanos (escogidos especialmente por el idioma) y múltiples las colonias de españoles en otras muchas naciones de Europa y Norteamérica. Sin embargo, poco sonados eran los casos de las migraciones a países asiáticos. Pero eso también ha cambiado. Para ilustrar cómo se vive este cambio en la propia piel de los españoles y la percepción que se tienen los habitantes de ambos países, hemos entrevistado a una joven publicista que tan sólo hace diez meses se lanzó a la aventura de mudarse a Beijing (Pekín).

– ¿Cómo es China?
Grande. Es muy desigual, con costumbres muy diferentes a las europeas, y con una mentalidad distinta en muchos aspectos.

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La clave del crecimiento chino: su gente

A nadie le cabe ninguna duda de que China está de moda. Este país parece no desaparecer nunca de las noticias ni de nuestras mentes, y es que aparece continuamente mencionado en los medios de comunicación por múltiples temas, entre ellos económicos, sociales, políticos… Sin restarle importancia a estos aspectos, los teóricos Amparo Cano y César Santos, resaltan una nueva faceta que, bajo su punto de vista, ha resultado y resulta clave en el crecimiento del país asiático: la población.

Los cambios demográficos de la mayoría de los países se han basado de manera habitual en la mejora de las condiciones higiénico-sanitarias, que posteriormente han propiciado el descenso de la mortalidad y la “tecnificación en los modos de reproducción”, bajando la natalidad. A partir de esta situación demográfica es de donde surge la Teoría de la Transición Demográfica. Sin embargo, en China no es que no se haya producido este proceso de la misma forma o similar, sino que ha sucedido de forma inversa: primero ha descendido la natalidad y después se han dado las mejoras higiénico-sanitarias.

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