Trabajando en silencio

Emigrar a otro país nunca es fácil. En España esto es bien sabido, ya que nuestra historia está plagada de estos episodios. Desde la colonización de América (que fue la más dominante e influyente), hasta la actual fuga de cerebros motivada por la crisis mundial de 2007 (aunque de forma muchísimo menos masiva), pasando por las migraciones a Francia o Inglaterra por la represión política del siglo XIX, o más tarde, por la guerra civil española. Lo cierto es que a los españoles no nos resulta ajeno el fenómeno migratorio.Tampoco a los chinos, y es que la comunidad china también se ha visto en la obligación de emigrar, no sólo hacia el extranjero, sino también del campo a la ciudad.

Durante el siglo XX las migraciones se convirtieron en una tónica constante en el país chino, pero ha sido desde los años 80 cuando se ha hecho más notable el aumento de personas que han pasado de vivir en el campo a la ciudad, mientras que las migraciones internacionales se han visto duplicadas en las últimas dos décadas (-0,33 migrantes por cada mil habitantes, como informa un estudio de Idexmundi). Según Amparo Cano y César Santos, autores del artículo Malabarismos chinos en el siglo XXI: problemas y retos de la población china cultura, este fenómeno nacional e internacional viene causado “por el hambre y la superpoblación, debido a catástrofes naturales o sociales que afectaron a decenas de millones de personas, a causa de la envergadura poblacional del país”.

Las migraciones desde el país asiático buscan mejorar la vida de estas personas, pero especialmente enviar el dinero conseguido a su país. De acuerdo con los datos recogidos por Gladis Nieto en su libro La inmigración china en España: una comunidad ligada a su nación, el dinero que enviaron los emigrantes chinos a su propio país ascendió a más de 20.000 millones de dólares, cifra que, como afirman Cano y Santos, “ ha ido en aumento paralelamente al cada vez mayor número de emigrantes”.

Ahorran en común. Viven juntos, y no sienten ningún deseo de independizarse con la edad. De hecho, es normal que varias generaciones de personas de la misma familia vivan juntas, sin ningún proyecto de dejar de hacerlo, aunque las cosas vayan bien y tengan la posibilidad de hacerlo. Para ello alquilan pisos, y en ocasiones llegan a vivir dentro del propio local donde trabajan, en una simple trastienda, donde se juntan todos los miembros de esa familia para ahorrar los gastos generados por el alquiler o compra de otro tipo de vivienda.

restaurantechino

Aprender el idioma es una de las dificultades más infranqueables. Por suerte, muchos de los migrantes viajan a los países acompañados de sus hijos, a quienes les resulta más sencillo aprender a hablar e incluso escribir en el nuevo lenguaje. Y es que por regla general, los niños presentan una mayor facilidad para aprender un nuevo idioma. Así es reflejado por las palabras de la doctora Laura-Ann Petitto, investigadora de la Sociedad Americana de Neurociencia, quien asegura que si los niños aprenden desde pequeños dos lenguas distintas “crecen como si tuviesen dos seres monolingües alojados dentro de su cerebro”.

Pero, ¿cómo es la relación entre chinos y españoles (o cualquier otra nacionalidad con la que convivan)? Se quedan al margen. Se integran en su justa medida, rozando lo indispensable. Son callados, tranquilos y, en su mayoría, buscan pasar desapercibidos. Son fieles a sus tradiciones, a sus costumbres, y no intentan implantar las del país de destino en las suyas. Sienten mucho apego por su tierra, un fuerte sentimiento patriótico por China, país al que acaban volviendo cuando cumplen una cierta edad, presumiblemente cuando se hacen demasiado mayores para seguir trabajando al ritmo mínimo que se les exige de diez horas diarias 6 días a la semana. En estas claves es precisamente donde reside la fuerza de este pueblo que migra con el propósito único de trabajar y, con el tiempo, volver a su tierra al final de su vida.

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3 pensamientos en “Trabajando en silencio

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